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¿Por qué tan pocas empresas de nuestro entorno se embarcan en implantaciones exteriores, II?

Terminaba el con la cuestión de si una adecuada definición de la Meta en la empresa, la correcta alineación de sus indicadores clave y una mayor concienciación de sus propietarios con respecto al riesgo de estrategias inmovilistas, elevarían el grado de internacionalización de nuestras empresas. Y continuo con este post en respuesta a un comentario de David, en el que propone una variable adicional que, sin duda, tiene un peso fundamental en la cuestión, la falta de tamaño de las PYMEs españolas.

Muchas gracias, David, por tu contribución. Efectivamente, una implantación exterior requiere la realización de una serie de trabajos previos, como análisis de viabilidad, estudio de localización, trámites administrativos… costosos y que pueden representar, en proyectos pequeños, un considerable porcentaje de la inversión total. Es más, a estos se suman muchos otros gastos tales como el coste del expatriado, fundamental en una implantación en India, selección de personal local, formación, visitas cruzadas, sistemas de gestión, calidad… En resumen, un esfuerzo que no está al alcance de muchas de las empresas, en su mayoría relativamente pequeñas, que en gran medida integran el tejido empresarial español.


El tamaño importa y, para llevar a cabo una implantación exterior, las empresas pequeñas han de superar, además de las innumerables barreras habituales, carencias crónicas de recursos, tanto financieros como humanos. Así pues, ¿es el pequeño tamaño otra de las grandes barreras a la internacionalización de nuestras empresas?



Sin negar su decisiva influencia, desde nuestra experiencia en INDOLINK, creemos que el tamaño no es siempre tan determinante como podría parecer. Por poner algunos ejemplos recientes, nuestra última oferta de implantación en India fue para una empresa cuyo presupuesto completo de inversión está fijado en 1,2 millones de € y a la que su reducido tamaño no impidió localizarse anteriormente en China y Bulgaria. Igualmente, la pasada semana tuvimos la oportunidad de visitar una pequeña empresa industrial cuya segunda generación de propietarios ha establecido en pocos años sendas implantaciones en Polonia y Portugal, está proceso de abrir un centro productivo en Argelia y ya ha empezado a valorar una posible unidad de negocio en India.


De hecho, la primera implantación productiva en la que colaboramos, desde INDOLINK, fue precisamente para una pequeña empresa familiar cuyo presupuesto de inversión inicial no llegaba al millón de Euros.


El tamaño es, manifiestamente, una variable fundamental, si bien quizás en muchos casos lo sea más de una forma indirecta, esto es ¿es posible que la limitación se encuentre no tanto en el tamaño como en la percepción que las empresas tienen respecto a su propia capacidad para sacar adelante un proyecto de este tipo?


En nuestra actividad comercial hemos tenido la oportunidad de conocer numerosas experiencias y, con frecuencia, nos encontramos con empresas de considerable tamaño que podrían obtener substanciosos beneficios de una implantación exterior y que, sin embargo, están convencidas de carecer de capacidad suficiente para llevarla a cabo. Por sus comentarios, podría ser que se hayan repetido tantas veces ideas tales como “no tenemos experiencia”, “eso es muy difícil para nosotros”, “es demasiado tarde”, “es demasiado pronto”, “necesitaríamos esto y lo otro”…que se han vuelto incapaces de valorar adecuadamente los recursos disponibles y las oportunidades que el entorno les ofrece.


Por otro lado, en foros de inversión y misiones comerciales coincidimos con representantes de empresas de muy reducido tamaño pero con una clara vocación internacional, que están constantemente pendientes de la menor oportunidad que pueda surgir para emprender ambiciosos proyectos de expansión.


Una de los consejos fundamentales que ofrecemos a nuestros clientes a la hora de sacar adelante una implantación productiva en India es la de viajar con el menor número posible de supuestos de partida, así como verificar con prontitud su validez en India. En el caso de que, efectivamente, el factor limitante para las empresas radique en una percepción distorsionada respecto a su propia capacidad, la recomendación podría ser esta misma, esto es, contrastar periódicamente, en función de la realidad del contexto presente, la verosimilitud del conjunto de supuestos de partida en los que fundamentamos nuestras decisiones estratégicas.


Al mismo tiempo, es incuestionable que nuestro tejido empresarial está compuesto por numerosas pequeñas empresas, con recursos apenas suficientes para abordar, por sí solos, los escollos que una implantación exterior implica. ¿Cómo superar esta limitación?


Si por sí solas no tienen recursos suficientes, ¿por qué no ir en grupo, compartiendo esos limitados recursos?. Muchos de los estudios previos a una implantación exterior son susceptibles de beneficiar a varias empresas al mismo tiempo; igualmente, tanto en el establecimiento físico como en los servicios precisos para llevar a cabo la actividad se podrían obtener sinergias de valor si un consorcio de empresas realizasen dichos esfuerzos de forma conjunta.


Es cierto que no destacamos por nuestra capacidad para la colaboración (como diría el maestro Yoda, “la envidia en muy fuerte en nuestra familia…”), pero quizás ha llegado el momento de cambiar esto. Si no en nuestro país, al menos en los proyectos en el exterior. El proceso de globalización está cambiando las reglas del juego y nuestros competidores no son ya las empresas vecinas sino fabricantes de todos los rincones del mundo. En este nuevo contexto, ¿por qué no concentrarnos en lo que nos une y competir conjuntamente?


No es una tarea fácil puesto que requiere un decisivo cambio de mentalidad pero, bien pensado, el riesgo es relativamente pequeño y los beneficios substanciosos.


Ahora bien, ¿cómo llevar esto a cabo? ¿Quién podría fomentar las iniciativas precisas para poner en marcha este tipo cooperaciones? Los primeros que me vienen a la cabeza son las Instituciones de nuestro país. Ellas tienen la misión de promover el desarrollo económico de nuestra sociedad, disponen de los recursos necesarios y conocen (o deberían conocer) bien a las empresas nacionales.


Instituciones tales como el ICEX poseen conocimientos y herramientas privilegiadas para poner en marcha este tipo de actuaciones. Las Oficinas Comerciales que el ICEX tiene repartidas por todo el mundo cuentan con una formidable estructura y excelentes profesionales (no todos, pero sí muchos) con los recursos precisos para impulsar un proceso de este tipo.


En este sentido, el Gobierno Vasco acaba de lanzar el Plan Compite y renovar el Programa Prointer, con los que trata precisamente de fomentar la competitividad de las empresas de la comunidad autónoma mediante proyectos de cooperación empresarial en diversos ámbitos, entre los que destaca la internacionalización. Es una idea innovadora que merece la pena intentar. Lo que no está tan claro es la conveniencia de restringir la iniciativa a las asociaciones sectoriales, ¿por qué limitar su implementación? ¿Por qué no dar la iniciativa a otros agentes económicos? o incluso, ¿por qué no tomar, desde las propias instituciones, un papel mucho más activo en esta dinámica?


Uno de los factores que más influencia tienen en el proceso de internacionalización de nuestras empresas son precisamente las experiencias positivas de empresas vecinas. En el fondo de muchos “análisis estratégicos” uno de los argumentos primordiales para montar una planta en Timbuktu es que “los de la empresa del valle de enfrente se establecieron allí hace 5 años y les va muy bien”. Así pues, cada paso positivo eleva de forma exponencial el número de iniciativas, y un decidido apoyo por parte de las instituciones sería de enorme ayuda en esta andadura.


Para terminar, resumiría todas las propuestas anteriores en una idea fundamental. A fin elevar el grado de internacionalización de nuestras empresas, como medio para garantizar nuestra calidad de vida, es imprescindible cuestionar a fondo la forma en que estamos haciendo las cosas, revisar el valor de nuestros paradigmas. Muchos de los sistemas tradicionales empleados funcionaron muy bien en su momento y estamos hoy aquí gracias a ellos, pero es momento de verificar la validez de algunos de esos supuestos de partida, desechar aquellos que ya no están en vigor y empezar a construir unos nuevos que nos permitan alcanzar niveles más elevados de bienestar de forma sostenible. Somos nosotros quienes marcamos nuestros propios límites.


Mario Gil Medrano


Director INDOLINK Consulting


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